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    El Granero Solitario
    Observando al tiempo cubrir de noche el mundo visible para la ciudad del Duque Grisgold, los lanceros de la recién elevada ciudad resguardaban el tesoro que había sido activado dentro de sus murallas. El silencio, cansancio y tranquilidad que pesaban esa tarde sobre los hombros de las personas dentro de la misma, hacían parecer al reino un lugar apacible. Pero eso solo era el contexto, ya que el relato tuvo muchos puntos de vista, suficientes para llenar de dolor al espíritu más osado. Toda la tarde, los líderes y organizadores del reino se habían reunido con los duques y el rey en persona para debatir sobre el futuro diplomático con los reinos vecinos. Mientras esto pasaba, los granjeros en la ciudad trabajaban llenando el granero.
    Esa tarde se esperaban millares de tropas arribando la aldea, las cuales mantendrían sus posiciones por días o incluso semanas. Acercándose la noche, en la aldea se observaban ya cerca de dos centenares de unidades listas para recibir a los refuerzos aliados. Observaron cómo las horas pasaban, y llegó el aviso de un espía detectado en las puertas de la ciudad capital del Duque, la alarma sonó y el héroe, que ya se encontraba listo para todo, acudió al llamado y emprendió camino hacia la capital con esperanzas de dar tranquilidad a la fuerza principal.
    Luego de eso, la nueva ciudad se encontraba sofocada de silencio e incertidumbre por lo que podría ocurrir en la capital mientras ellos mantenían sus posiciones a la espera de los aliados. Cuando de repente, el Duque Grisgold entró por la puerta principal y saludó a todos agradeciendo por su esfuerzo. Se lo notaba cansado cuentan muchos, sus ojos apenas y podían mantenerse abiertos, se lo vio entrar en el edificio principal por una hora y salir de allí con una almohada. Solo dio un par de indicaciones a los constructores, instructores y granjeros para terminar partiendo en dirección a la capital, donde se afirma que logró llegar pese al cansancio pero cayó desplomado al encontrar un lugar cómodo dentro de la embajada, alejada del Ayuntamiento donde se celebraba una pequeña fiesta por la cultura.


    Ahora sí, si mis fuentes de confianza no me han engañado (otra vez): En rotundo silencio y profunda calma, los constructores elevaban la muralla y en las granjas se plantaban más extensiones de campos, la ciudad prosperaba. Hasta que por fin se vio la tan esperada señal de que había tropas llegando. Los generales de las líneas ordenaron las filas y alistaron sus armas para una presentación formal ante los aliados, con la idea en mente de demostrar su conocimiento. Ya cerca de rebalsar, el casi completamente fortificado granero, aguardaba al ejército con los granjeros contentos de que su esfuerzo no había sido por nada. Tan solo una hora hacía desde que el Duque se había ido a descansar, las tropas no tuvieron siquiera que abrir la muralla para que el ejército pudiese entrar, Celtilo el Galo sorprendió a todos con su presencia en la ciudad, montado en su caballo de color marrón claro, acompañado de exactamente 4746 unidades a pie, 1321 unidades de caballería, 228 unidades pesadas y el héroe del ya exiliado Duque Poki, y entraron con gloria asegurada.
    Por la mañana, un Duque aliado entró por las puertas de la capital del Duque Grisgold, alarmando con un aviso al recién despertado hombre: "El humo divisado por las personas de esta ciudad, provenientes en la dirección de la ciudad del nuevo tesoro, jamás fue iniciado por nuestro reino", afirmó con un tono seco y continuó: "Las tropas aliadas llegaron a la ciudad acordada hace pocas horas, en un principio estábamos confundidos, puesto que encontramos una aldea cercana a los 500 habitantes en el lugar de las coordenadas otorgadas. Pero, lamentablemente, un informe nos confirmó que horas antes el Duque Poki del reino vecino, visitó y atacó la ciudad" concluyó. Dejando así a Grisgold completamente sorprendido y lamentándose haberse dormido, pues el trabajo de los arquitectos ahora eran ruinas para recolectar y reconstruir y las pocas unidades que mantenían el espíritu allí ya no estaban. Las rutas Guay-Fai que conectaban las aldeas del reino habrían sufrido daños y las tropas aliadas no llegaron a las horas acordadas. Lo único que hallaron al llegar fue un Granero repleto de cereal completamente solitario y la marca de un rayo, la de Celtilo el Galo. Al final de cuentas, el Duque Grisgold dejó una marca con un mensaje en la aldea para todo el reino: “La diplomacia terminó, la guerra comenzó”.