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    RELATOS DE UN ESCRIBA


    El frio invierno no desanima ni mucho menos desalienta a los corazones de las legiones y gobernantes del Imperio en TRAVIAN. Las batallas y conquistas por nuestra cultura seguirán por siglos.



    La batalla del enclave:


    El aire se torna pesado en las ciudades de Roma, y al color de las forjas y de nuestro acero, a la guerra marcharemos.
    Con el fin de dar un freno definitivo a la amenaza bárbara y a sus constantes ataques de rapiña y saqueo en las aldeas y ciudades romanas, El Duque solicitó realizar un asecho y comandar el ataque directamente al centro del enclave bárbaro, para lograr así un control total de su territorio y llevar alivio a los colonos y súbditos que habitan en cercanía, quienes con sus tributos en recursos y aporte de valientes guerreros dan un gran sustento a nuestras legiones. Así las tropas de Equites Legati abandonaban los establos romanos rumbo a su hazaña por obtener un informe detallado de la posición enemiga.
    En la impaciente espera, se intensificó el alistamiento de todo tipo de tropas para engrosar las filas aliadas y también se enviaron diplomáticos a los gobernadores del reino para que preparen y envíen a sus legiones a la ciudad principal del Duque, las que partirán tras el asecho pasada una semana.
    Luego de una larga e interminable semana el ansiado y exitoso informe del asecho dejo de hacerse esperar, el general de los de los Equites Legati, Lucio compartió toda la valiosa información que se recabó y entregó el pergamino a su Majestad con el detalle en tropas, recursos y fortificaciones bárbaras.
    Para ese entonces las legiones y maquinas de asedio romanas ya se encontrabas listas para emprender la marcha hacia la victoria contra las huestes enemigas, dejando el Rey a cargo de la conquista al Duque, Héroe de batalla y comandante de legiones.



    Se recorrieron amplias distancias hasta llegar al enclave bárbaro, de igual manera nuestras tropas se encontraban con sumo vigor para dar comienzo al sitiado de la fortaleza, gracias a su arduo entrenamiento.
    El gobernador bárbaro ya informado previamente por sus exploradores de avanzada del movimiento de nuestras legiones, organizó una ofensiva para evitar el franqueo de su fortaleza. Envió una carga de cabellaría para retrasar nuestra llegada y ganar tiempo en la preparación de la defensa del enclave. Tras la ofensiva, sus paladines trataron de envolver a nuestras tropas en un ataque tenaza; al ver esto nuestro comandante dividió el centro de las legiones en dos, retraso a los Equites y al momento del choque contra nuestros legionarios, encabezó la carga de nuestra pesada caballería, logrando vencerlos rápidamente.


    Se reorganizó a las trapas y se emprendió la marcha para sitiar el enclave, se cuenta que el gobernador bárbaro no lograba entender con cual facilidad vencimos a sus paladines, pero nuestra grandeza depende de nuestros hombres, es decir de nuestras grandes legiones.
    Es así que las pesadas catapultas romanas comenzaron a iluminar la fría noche con su incesante lluvia de proyectiles envueltos en el fuego que todo lo consume, y como dice nuestro comandante: “fortaleza rodeada, fortaleza tomada”.
    Para el amanecer, la columna de humo que brotaba desde la fortaleza era inmensa y se podía ver desde grandes distancias, el comandante puso en marcha los arietes para derrumbar los pesados portones y así dar paso a las tropas a la carga final en donde encontrarían una vez más la gloria. No hubo casi intentos de defensa, ya que las catapultas desde la distancia atenuaron el movimiento enemigo y paralizaron los corazones de sus tropas, consumidas por el infierno de nuestro fuego y el miedo arrollador a la derrota.



    Al derribar sus puertas la antigua fortaleza se hundió en el caos de la guerra, sus pocas e improvisadas tropas se entregaron al acero de la legión, el gobernador entregó grandes cantidades de recursos en cereal, material de construcción y metal, como así también tesoros obtenidos en sus acciones viles de robo.
    En memoria y honor a la batalla, nuestros arquitectos construyeron un gran arco triunfal y la victoria una vez más para la tranquilidad y grandeza nuestra, golpeo a las puertas del SACRO IMPERIO.