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    Plegaria a Marte.


    Dios de la guerra te dedico mis plegarias,
    guarda mi escudo y templa mi espada,
    que no caigan bajo las falanges despiadadas
    de las temibles fuerzas galas.


    Señor de la batalla te dedico mis plegarias,
    que mis soldados no teman al peligro que aguarda,
    nuestra formación no debe ser desarmada
    por las teutónicas hachas.


    Maestro del combate te dedico mis plegarias,
    guía mi espada hacia el enemigo interior,
    hacia aquel romano traidor
    que con sus legionarios nos atacó.


    Marte, nuestras almas guarda por favor,
    que bajo tu fiera mirada
    marcha firme y ordenada
    la poderosa legión.

    Título: "Gabrielus y la defensa de Iupiter".
    Cantidad de palabras: 909.


    - Jefe, aquí tenemos a un prisionero, lo encontramos husmeando en los alrededores – el soldado arrojó al suelo a un hombre de cabellos rizados y barba incipiente.


    El prisionero observó al hombre que tenía en frente mientras el fuego de la hoguera crepitaba y marcaba el perfil del jefe, imponente y simple a la vez, la mirada de Gabrielus era resignada pero desafiante.


    - ¡Un romano! - dijo Celtilo con una sonrisa, se acarició el frondoso bigote mientras lo observaba, el soldado que lo había capturado le dio a su jefe una espada - ¡Aja! Es ésta tu espada, ésto no lo porta un simple soldado – sacudió su cabeza como negándose a un mal trato – Ésto es de la élite, de un capitán o la guardia real – clavó la “espada del imperatoris” en el suelo y prosiguió – Yo soy Celtilo, jefe de ésta banda de bravos galos ¿Cual es tu nombre y tu cargo? -.


    - Mi nombre es Gabrielus, Señor de Iupiter – el romano ya calaba la vergüenza de ser entregado a cambio de un rescate, pasaría días atado hasta que la ciudad pagase.
    - ¡Un señor! ¡Vayas sorpresa! - hizo señas a uno de sus guerreros de espadas para que se acercara – Desatalo – dijo. Gabrielus fue desatado y se levantó frotándose las muñecas.
    - La situación es la siguiente, tienes libre movimiento por el campamento pero si intentas escapar serás historia, eres nuestro invitado pero también mi prisionero – Dijo el jefe galo.


    Luego de haber sido invitado a comer junto al jefe en la hoguera y haber intercambiado todo tipo de formalidades y explicaciones de las tareas de aventura de Gabrielus en la zona, había llegado la hora favorita de Celtilo.


    - Bueno, es el momento de contar historias de guerra – dijo Celtilo abriendo el circulo de cuentos para los guerreros que estaban allí siendo reconfortados por el calor del fuego que apaciguaba la oscuridad de una noche sin luna. Después de varias historias de los hombres de Celtilo, el jefe se dirigió a Gabrielus y le pidió que le contara una historia.


    Gabrielus asintió, se levantó como si estuviese en un grupo de amigos y una vez junto al fuego empezó a relatar su historia:


    “Estaba en las puertas de mi ciudad con doscientos hombres, ciento cincuenta legionarios en formación cerrada y cincuenta imperanos en el centro esperando el avance enemigo de aproximadamente doscientos hombres que avanzaban en linea, al centro iban cerca de ochenta imperanos, los legionarios se posicionaban a su lado y los equites imperatoris cerraban la formación en los flancos, diez del lado izquierdo y diez del derecho.
    El ataque enemigo se hizo sin siquiera mandar espías para sondar el campo de batalla, mientras mis hombres mantenían posiciones, la caballería cargó por nuestros flancos para tomarnos como si ellos fuesen pinzas intentando atrapar metal caliente pero cayeron en las fosas ocultas llenas de animales salvajes.
    La infantería avanzaba aparentando ser implacable entre gritos y una lluvia de jabalinas emergía de entre sus filas y tronaban al chocar con nuestros escudos. Cuando estuvieron al alcance de la espada, volvimos a una formación en linea y cargamos contra ellos, la falta de disciplina del enemigo fue su perdición, sus filas se rompieron al instante y entramos en combates individuales.


    Me encontré con el capitán enemigo, un hombre de barba espesa, negra como las plumas de un cuervo y con una armadura digna de su cargo, un casco de gladiador, una armadura de la regeneración y una espada de imperatoris, como es costumbre entre capitanes romanos, lo desafié a un duelo de honor, y mientras nuestros hombres se enfrentaban entre sí, nosotros combatimos.


    Él intentó apuñalarme dos veces pero desvié uno de sus embistes y esquivé el segundo, le dí un puñetazo en el rostro con mi mano libre y mi espada buscó fieramente su cuello, pero el protector trasero del casco repelió el golpe, oportunidad no desaprovechada por el enemigo que intentó apuñalarme el interior del muslo, un corte profundo allí me hubiese dejado fuera de combate pero tuve la presteza de retirarme solo para conservar una pequeña cicatriz.


    Ambos retrocedimos un momento, podía ver la rabia en sus ojos mientras yo intentaba permanecer estoico para provocarlo, los generales novatos suelen dejarse llevar por la saña y las pasiones, le sonreí con arrogancia incitando el ataque, corrió hacia a mi tomando su espada con ambas manos (lo cual fue extraño porque su espada era corta y no apta para tal manejo), yo con mi mano libre sujeté las muñecas del hombre que alzó su espada para hacer un corte vertical, y lo apuñalé debajo del brazo, la espada mordió profundo en su axila, tanto que puedo jurar que llegó a salir por su cuello.


    Cayó ante mis pies de rodillas y agonizando, créeme Celtilo que soy un hombre de batalla, no le temo a la sangre pero no soporto el sufrimiento de los hombres, así que lo decapité ahí mismo.
    El resto de sus hombres fueron diezmados y en los días consiguientes atacamos su aldea, nadie ofreció resistencia, les permitimos recuperar los cuerpos de sus muertos y actualmente son vasallos de nuestra gran Iupiter y nos pagan tributos”.


    Celtilo miró al romano y le dijo - ¡Muy bien! ¡Me encantó tu historia! Pero es un cuento de niños comparada con las historias que he logrado acumular con los años, ponte cómodo porque ahora vas a escuchar algunas – esa noche se escucharon historias hasta que las estrellas desaparecieron del cielo y el sol despertaba de su sueño.


    I like the idea in general, but I would like to add that it would be a nice idea (IMO) that players can build up their kingdoms before enter the game world, so if you have friends that play the game they can add to your kingdom and start together.